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La defensa de Iyanden

AGRAMAR Enviado: 25.05.2006, 22:36
Vidente de Sombras
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Sacado de GW.es: por Lobo espacial


La batalla por el alma de un mundo astronave

La desesperada defensa del Mundo Astronave de Iyanden supuso el primer conflicto real entre los Eldars y la amenaza tiránida, un conflicto del que la raza eldar jamás se recuperaría. Phil Kelly nos relata los pormenores de este inmenso combate urbano librado en un emplazamiento nada habitual.
La sombra de la muerte

Hace miles de años, la refinada civilización eldar quedó destrozada por un cataclismo galáctico. La magnitud de esta catástrofe no solo provocó agujeros en la esencia del espacio, sino que los Eldars se vieron obligados a emprender una vida nómada en el interior de enormes naves espaciales denominadas mundos astronave. En la actualidad, estos mundos orgánicos recorren con elegancia la inmensidad del espacio transportando a los supervivientes de la raza eldar. Antaño, uno de los mundos astronave más enormes y poblados era el de Iyanden.

Aunque los videntes de Iyanden habían presagiado que los tentáculos de la amenaza tiránida alcanzaban las sendas del futuro, los exploradores de Iyanden fueron los primeros en avisar de las primeras evidencias físicas del Gran Devorador. La asimilación de más de una docena de planetas periféricos en espacio imperial revelaba que se dirigían directamente hacia el mundo astronave. Muchos de los exploradores de Iyanden quedaron aterrorizados ante la magnitud del ataque que se cernía sobre su apacible mundo.

Sin embargo, uno de los exploradores, Irilith, narró elocuentemente su descubrimiento al cónclave para discutir las medidas que Iyanden debía tomar. El vidente Kelmon, el líder espiritual del mundo astronave, congregó a todos los habitantes de Iyanden en el Santuario de las Respuestas. Allí se debatieron varias posibles acciones a emprender, incluyendo la de enfrentarse al enemigo e incluso la de huir. La súplica apasionada de Irilith convenció a los suyos de las dimensiones terroríficas de la flota tiránida. Debían luchar o serían asimilados.

"Reúne a los muertos para la batalla, déjalos que se unan a nuestras filas, pues así evitaremos tener que unirnos a las suyas".

Vidente Kelmon

El vidente Kelmon ordenó la movilización inmediata de Iyanden, pero, en este caso, no bastaba una simple barricada o una línea de batalla para contener el conflicto. Se fortificó la arquitectura y la flota eldar se retiró para pedir ayuda a otros mundos astronave. Los exarcas despertaron el espíritu del dios de la guerra de Iyanden, que tomó la forma de un temible Avatar. En un acto que presagiaba el terrible precio que Iyanden tendría que pagar, el vidente Kelmon ordenó la presencia de la guardia espectral. Las joyas espirituales de los antepasados eldars fueron extraídas de sus lugares sagrados (acción comparable al saqueo de una tumba) para instalarse en el interior de esqueletos de hueso espectral a fin de que pudiesen luchar junto a los guerreros vivos. El mundo astronave de Iyanden estaba preparado para la guerra.
El ataque de la Flota Kraken

Pasaron veinte días de inquietud antes de que las primeras naves de la flota enjambre iniciasen el ataque.
La primera oleada tiránida en atacar el mundo astronave consistió en una gran horda de monstruosidades biológicas que fueron eliminadas con eficacia por la flota defensora. Las elegantes naves de Iyanden maniobraron y dispararon a la flota enjambre combate tras combate sufriendo pocas bajas. Los Eldars que permanecían en el mundo astronave suspiraron aliviados y esperanzados, ya que habían logrado destruir a varias oleadas enteras de naves tiránidas.


Pero los videntes permanecieron en silencio. Aunque la flota de Iyanden era realmente formidable, las construcciones biológicas de los Tiránidos parecían infinitas. Poco a poco, las naves de la flota eldar fueron sucumbiendo ante la magnitud de las fuerzas tiránidas. El ataque de la segunda oleada tiránida casi dobló el tamaño de la primera y los defensores no pudieron impedir que los alienígenas alcanzasen Iyanden. La flota eldar sufrió un número de bajas terrible cuando las fauces del Gran Devorador se cerraron.

Las fuerzas que desembarcaron en el propio mundo astronave fueron contenidas y destruidas e, inmediatamente, se limpiaron los pasillos de hueso espectral de todo rastro de corrupción y purificaron los bosques sagrados. Los espíritus de los Eldars volvieron a tranquilizarse, sobre todo al comprobar que la siguiente oleada alienígena era muy pequeña, una mera sombra de las que habían atacado antes. Aunque la flota diezmada de Iyanden no podría evitar nuevos ataques en superficie, los guerreros especialistas podrían defenderlos. Durante un corto espacio de tiempo, el mundo astronave respiró aliviado, pues parecía que la tormenta había amainado.
El recrudecimiento de la batalla

Las dos oleadas siguientes de naves tiránidas fueron ingentes, tanto que empequeñecían a las que habían atacado previamente. Las naves alienígenas, hinchadas y grotescas, ocultaban por completo las estrellas mientras descendían con un propósito implacable, vomitando ejército tras ejército de abominables alienígenas sobre los puertos incorruptos de Iyanden. Nubes impenetrables de esporas tiránidas se posaron sobre el mundo astronave y lo infectaron. Unas estructuras retorcidas y puntiagudas luchaban por emerger de entre la hermosa armonía orgánica de Iyanden. Un horrible aullido psíquico resonó alrededor de la infraestructura del mundo astronave mientras hordas de escurridizos alienígenas con garras fueron arrojadas sobre el corazón de Iyanden.

"El momento de usar el cuchillo para extirpar este cáncer ya ha pasado. Ahora ha llegado el momento de usar la antorcha".

Exarca Quaillindral

Las salas y pasillos de Iyanden se vieron desbordados por los repugnantes tiránidos, las oleadas fueron devorando el mundo astronave en una avalancha de gritos y chillidos de muerte. La batalla se sostuvo prácticamente en todas las áreas imaginables. En las copas de los árboles sagrados y ancestrales de los Bosques del Silencio, los halcones cazadores se enfrentaron en una mortífera danza aérea a unas bandadas de oscuras gárgolas con alas de murciélago. Los escorpiones asesinos se abrieron paso a través de la masa de termagantes que bloqueaban los pasillos arteriales como un infame cáncer. Los falcones perseguían a enormes carnifexes que destrozaban los hermosos y complejos bastiones escultóricos de la Fortaleza de las Lágrimas. En los escalones sagrados del Templo de Asuryan, los vengadores implacables libraban encarnizados combates contra un número infinito de hormagantes. Pero todos cayeron debido al gran número de atacantes, pese al gran coste que supuso para las hordas tiránidas.

Pero no fue bastante.

La Defensa de Iyanden (II)
La ira de Khaine
El hijo pródigo

Cincuenta años antes del ataque tiránido a Iyanden, el gran almirante Yriel había liderado a la flota de Iyanden con una habilidad y sabiduría inigualables. Sin embargo, fue acusado del pecado de orgullo tras correr un riesgo que puso a Iyanden en peligro ante una flota del Caos. Sus acciones y su reticencia a admitir su error le llevaron a un juicio, tras el cual fue depuesto de su rango de gran almirante. Yriel juró que no regresaría allí jamás. El comandante proscrito abandonó Iyanden apenado y enfurecido junto a un grupo de guerreros que le eran fieles. Después de muchos años, Yriel formó un grupo de incursores eldars considerado la mayor y más gloriosa fuerza de piratas eldars de toda la galaxia.

La batalla había alcanzado su punto más alto cuando los Eldars contraatacaron. El propio Avatar lideró la carga, con su enorme figura resplandeciendo con chispeantes llamaradas mientras destrozaba todo lo que se interponía ante él. Los guardianes luchaban junto a la guardia espectral y los Eldars utilizaron cuanto estaba a su alcance para detener el avance tiránido. La batalla que siguió fue una orgía de destrucción en la que los enfurecidos Eldars recorrieron los Bosques del Silencio para expulsar a los Tiránidos de su tierra sagrada. Pero el daño ya estaba hecho, el magnífico bosque había sido profanado por las esporas de crecimiento rápido de los alienígenas. Muchos de los Eldars lloraban exasperados al ver cómo los que antaño fuesen grandes árboles habían sido convertidos en parodias deformes y horribles de sí mismos.

Pero el rumbo de la batalla parecía cambiar. Los Eldars habían obligado a los Tiránidos a replegarse, aunque a cambio de miles de vidas. Los señores espectrales y los falcones habían dado caza sistemática a las enormes criaturas sinápticas, destruyendo así las conexiones sinápticas que guiaban a sus criaturas menores. Los coros de videntes se unieron en un acoplamiento psíquico para repeler la sombra en la disformidad que subía en espiral alrededor de los espíritus de su presa. Los aedas óseos persuadieron a los conductos de hueso espectral, ricos en espíritus del Circuito Infinito, para que luchasen contra los terribles efectos de la disformidad de las esporas tiránidas.

Entonces, para mayor desesperación de los Eldars, la flota enjambre regurgitó una nueva oleada de Tiránidos sobre el mundo astronave. Esta fue la mayor hasta la fecha y los escáneres del puente de Iyanden brillaron con nuevas lecturas de más enjambres tiránidos; se hizo el silencio entre los videntes: no había posibilidad de escape.


El renegado Príncipe Yriel, anterior gran almirante de la flota de Iyanden, recibió la noticia del trágico destino del Mundo Astronave de Iyanden. Y aunque Yriel todavía sentía una gran rabia hacia su mundo astronave, el fuego de su ira se había aplacado. Al principio, ignoró el peligro que corría Iyanden, pero no pudo soportar que su mundo astronave fuese destruido, así que reunió a su flota para dirigirse a toda velocidad hacia la batalla.

Las fuerzas de Yriel atacaron el corazón del enjambre tiránido que envolvía Iyanden con la misma fuerza de la lanza llameante de Khaine. El resto de la maltrecha flota eldar del mundo astronave se unió a la de Yriel. Juntas, atacaron el corazón del enjambre tiránido y destruyeron todo lo que los Tiránidos lanzaban contra Iyanden antes de que pudiera alcanzar la superficie del mundo astronave. Repelieron una a una todas las oleadas de Tiránidos. Entonces, con voz grave, Yriel juró dar su vida por defender a su pueblo.

En los puentes de su nave, unos ojos vigilantes observaban las runas de sus escáneres, a la espera de la siguiente oleada. Tras diez tensas horas de espera, los Tiránidos no reaparecieron. La flota tiránida había sido destruida.
El coste

Aunque finalmente los alienígenas habían sido destruidos, la victoria del mundo astronave había supuesto graves pérdidas.

Miles de Eldars habían sido destruidos y su hermoso mundo astronave estaba cubierto con los cadáveres de sus enemigos. La que antaño fuera la poderosa flota de Iyanden ahora era un simple vestigio del pasado y el armazón del glorioso mundo de Iyanden estaba tan silencioso como el de una tumba. Las almas de las joyas espíritu destruidas por los Tiránidos se habían perdido para siempre. Iyanden nunca se recuperaría totalmente de la terrible devastación sembrada por los alienígenas. Su destino es ahora una advertencia para aquellos que subestiman la insaciable hambre del Gran Devorador.

"Puede que hayamos ganado la batalla, pero nuestros ancestros han perdido sus almas".

Príncipe Yriel



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